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Salir de ronda
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- Rodolfo Lacal
- @rodolfolacal
Cuando cada año por San Miguel escucho las jotas de ronda que cantan en la actuación del grupo jotero en las fiestas, pienso en como idealizamos ciertas costumbres de nuestros ancestros.
Conservamos una imagen idílica de las salidas de ronda de los mozos para cantar jotas a las mozas solteras del pueblo. Sin embargo, las rondas fueron en muchas ocasiones origen de desordenes y conflictos que llevaron a las autoridades locales y provinciales a prohibirlas en varias ocasiones. Todo ello en esencia porque salir de ronda no era solo cantar jotas debajo de las ventanas de las chicas bonitas. A menudo también implicaba bloquear las entradas a una calle y pedir dinero o bebida a quienes quisieran transitar por ellas y participar de la ronda. Quienes se negasen a pagar tal tributo podían salir muy mal parados.
También podía producirse el caso contrario en el que los mozos que rondaban se negasen a admitir en el grupo a otros mozos, como ocurrió en Bubierca en los hechos que relataré a continuación.
20 de Octubre del año 1900
Dos jóvenes pastores,Indalecio y Vicente Rodriguez Morales, de 18 y 23 años de edad respectivamente, se acercaron al grupo que andaba de ronda por las calles de Bubierca. Su intención era unirse a ellos en lo que quedaba de recorrido, que no era mucho porque ya llevaban un buen rato cantando debajo de las ventanas de las chicas del pueblo. El grado de alcohol que corría ya por las venas de los mozos atestiguaba el tiempo que llevaban de calle en calle y de casa en casa de chicas casaderas.
Uno de los mozos, el José Cid Villareal, un jornalero soltero de 29 años de edad, era uno de los más afectados por el morapio ingerido. Por alguna rencilla anterior o simplemente porque sí, se negó a admitir a los hermanos en la rondalla si no pagaban íntegramente el mismo monto que los demás habían contribuido..
Tras varios tira y afloja, los Rodriguez cejaron en su intención de unirse al grupo. Al cabo de un rato, una vez la ronda hubo concluido, el José volvía hacia su casa cuando aparecieron en su camino los hermanos Rodriguez lanzándole piedras. La mala fortuna quiso que una de ellas impactase en su cabeza, dejándole gravemente herido. Los agresores salieron huyendo y los vecinos que oyeron el tumulto auxiliaron a José, llevándole a su casa. A la mañana siguiente José falleció. Dos días después del incidente Indalecio y Vicente se entregaron voluntariamente ante el juez de instrucción de Ateca, reconociendo la autoría del crimen.
Junio de 1901
Por esas fechas se celebró en Ateca el juicio a los hermanos Rodriguez. Su defensa arguyó que los hermanos obraron en defensa propia pues el José los perseguía borracho con un revólver y una botella rota. Vicente se declaró como autor único del homicidio al atizar varios golpes en la cabeza del José con un garrote, exculpando así del delito a su hermano Indalecio.
Del veredicto final del juicio no apareció noticia en los diarios. Es de suponer que Vicente cargó con la pena mayor mientras que Indalecio pudo tener una de menor grado o incluso ser absuelto.
21 de diciembre de 1905
Pablo Morales (o quizás Manuel Morales según algún otro diario), un jovencito pastorcillo de Villalengua de 11 años de edad, solía pasar las noches con su tío Indalecio Rodríguez en el corral próximo a la ermita de Santa Eulalia donde el segundo vivía y guardaba su rebaño de ovejas.
Sin embargo, la noche del 20 de diciembre la había pasado en la casa familiar en Villalengua. Cuando a las seis de la mañana del día siguiente llegó al corral se encontró una terrible sorpresa. Su tío Indalecio se hallaba muerto en su camastro con el cuello cortado y con parte de los sesos de su cabeza fuera del cráneo.
De inmediato bajó al pueblo a dar la noticia y regresó con la Guardia Civil de Torrijo.
Los diarios en los que apareció la noticia rápidamente asociaron este hecho a lo ocurrido en Bubierca cinco años antes. ¿Venganza? Esa fue una de las líneas de investigación de la benemérita.
19 de enero de 1906
Poco menos de un mes había transcurrido desde el asesinato de Indalecio y la Guardia Civil ya tenía resuelto el caso.
Parece que en un principio un hermano de Indalecio llamado Braulio acusó a dos vecinos de Villalengua con los que Indalecio no tenía buena relación. Pero la guardia civil recibió una confidencia e inspeccionó la casa del padre político de Braulio con quien Indalecio había tenido también una fuerte discusión unos días antes del asesinato. En la casa, junto ala ermita de Santa Eulalia, encontraron un hachuelo con manchas de sangre y restos de masa encefálica en unas ropas.
De modo que no se trató de una venganza sino de un episodio más de los avatares de una familia conflictiva.
Fuentes:
Los siguientes diarios conservados en las hemerotecas de la Biblioteca Nacional de España y del Ayuntamiento de Zaragoza:
- Diario de Avisos del 23 de octubre de 1900
- El Mercantil de aragón del 23 de octubre de 1900
- La Derecha del 24 de octubre de 1900
- Diario de avisos del 12 de junio de 1901
- El Noticiero del 12 de junio de 1901
- Heraldo de aragón del 12 de junio de 1901
- Diario de Avisos del 1 de enero de 1906
- Heraldo de Aragón del 18 de enero de 1906
- Diario de Avisos del 19 de enero de 1906
© Rodolfo Lacal Pérez
Todos mis relatos estan elaborados sin uso de inteligencia artificial alguna.